MAGA
Make (Serie)A Great Again
Todos vimos este tuit.
“Sin tatuajes, sin peinados raros, sin pelados, sin redes sociales.
Este equipo italiano era generacional”
Es un poco reduccionista, si. Otro toque viejo meado, como todo en esta era de post-fútbol que estamos atravesando. La nostalgia por lo vivido, que en el caso del fútbol lamento tener que admitir que me posiciono completamente del lado de que lo que vino antes fue mejor. Seguramente, toda generación siente lo mismo, por la música, el cine, la comida, el bienestar general, si, pero en esta posición me planto firme. Y en el caso del fútbol, más específicamente del fútbol italiano, sería necio tratar de argumentar otra cosa. Los resultados de la selección, gran campeona mundial que está cerca de quedarse -no de nuevo- afuera de la gran cita, la actualidad y el contexto de la Serie A hace años y la sensación, difícil de negar, que la misma identidad del calcio se ha perdido.
Todo esto lo hablamos en CONTRA, y del mismo modo que en cada capítulo dejamos en claro que nada se googlea o investiga, acá tampoco voy a hacerlo. No voy a tirar datos duros, no voy a comparar tablas de rendimiento, no voy a ahondar en que carajo puede ser que esté pasando en las canteras y academias de Milan, Roma o Palermo, ni en como distintas crisis, económicas algunas, criminales otras, llevaron a la casí destrucción del fútbol italiano en 20 años. No, eso no soy yo.
Esta última frase es precisamente en lo que quiero ahondar. Eso no soy yo, y esto no es el fútbol italiano. Porque la crisis de la Azzurra es una crisis de identidad. Es una crisis espiritual.
Dejame ser
Hace poco tuve un sueño de esos que, mientras lo estás soñando, crees que te está siendo revelada una verdad absoluta. Y después cuando te despertás te pasa la de Hitchcock. El tipo contaba que soñaba constantemente con cosas que pensaba eran ideas brillantes para hacer peliculas, pero, cuando despertaba, se las había olvidado por completo. Entonces un día se dejó un anotador en la mesa de luz. La siguiente vez que tuvo uno de esos sueños, se despertó, garabateó en la hoja y se volvió a dormir. Cuando se despertó, la nota decía “boy meets girl”. Tenés que cerrar el set de filmación.
En fin, en mi sueño me iba a entrenar, como frecuentemente hago a las mañanas. Hace cosa de dos años que hago crossfit. No vamos a meternos con eso. Pero si aclaro, yo lo hago porque es la única forma que encontré de hacer ejercicio con constancia. Me siento bien, estoy mejor que, creo, nunca, pero disto muchísimo de tomarmelo en serio. No puedo, ni quiero, ser uno de esos. No voy a armar toda mi dieta, mis horarios y mi vida alrededor de mi entreno. Simplemente porque no me mueve en absoluto, no me apasiona en lo más mínimo la práctica, como a otros tantos de mis compañeros de entreno si. Jamás me veo en una situación de sentarme a debatir técnica, pesos, movimientos, nada. Y si me encontrara ahí, huiría. Para mi, es un trabajo. Una ocupación, algo a lo que me entrego una hora y chau. Mejor, peor, no sé, pero constante.
Cuestión que llego al lugar de siempre, veo a la gente de siempre y voy a hacer mi propia rutina de calentamiento autista, o sea, escuchando nujabes en solitario hasta que empiece la clase y la música horrible, cuando en el fondo veo a mis amigos del secundario. El grupo duro, el core. Rodrigo, Ale, algún otro más. Me llaman, me dicen que vaya a hacer las cosas con ellos. Accedo, pero de mala gana. Me hago un lugar entre ellos. Y se empieza a repetir en mi la dinámica que senti en el secundario, donde, para no llevarme matemáticas o química, tenía que no sentarme en el fondo con ellos, para poder prestar atención a lo que en efecto tenía que hacer. Me fui perdiendo en los movimientos, me sentí fuera de lugar, en un elemento que ya es mío, me fui quedando atrás. Hasta que lo agarré a Rodrigo y le dije “No puedo hacer lo que tengo que hacer si tengo que ser lo que vos querés que sea”.
Ahí me desperté. Y suena muy, muy básico, pero creo que es algo que yo nunca interioricé de esa manera. Es realmente algo que me pasó toda la vida. Me pasó en el secundario. Me pasó en grupos de amigos. Me pasó en relaciones, en laburos, en picaditos, en juntadas de todo tipo. Mi propia capacidad empática me empuja muchas veces a uno de los dos extremos. O soy una persona completamente aislada del ruido, o me amoldo a lo que siento que el resto espera de mi y mi comportamiento.
Es imposible que el fútbol italiano sea italiano si los propios italianos no son italianos.
Ojo, no me refiero a esto.
Hay una innegable perdida de la identidad y el ser italiano, reflejada en su fútbol, la radiografía de toda sociedad desarrollada. Como rezaba el poeta del inicio, ¿dónde quedaron esos futbolistas de pelo largo, aura infinita y estética innegablemente italiana?
En Italia, prácticamente no. Casi no. Y sin embargo, el futbolista más italiano del momento ya llevó a su nación al mundial. Pasa que es escocés.
Scott McTominay. McFratm. El Scotti. Bronceado, lookeado, pelilargo. Bien alimentado. Esto es lo que pasa cuando sacás a un escocés de Manchester, de un United depresivo, y lo tirás en Napoli, y la matemática matematíca. Le pega el sol, le entra al Aperol, descubre la pasta, la carne, el queso y el tomate. Se vuelve ídolo, saca campeón al Napoli. Abraza la identidad que sería ridículo que adoptara en el Reino Unido. Pero acá tiene sentido. Es inmersión absoluta.
Y creer que nada de esto aplica a su juego sería un error. McTominay se italianizó, pero no con el contexto del resto de los italianos de su edad, o de los jugadores alrededor de él, sino con el resto de Italia, o en este caso, Napoli.
Yo lo vi, finalmente, con mis propios ojos. Me tomó mucho más tiempo del necesario, pero llegué a Italia. Me pasé unos días allá, y si, todo es comer pasta, comer mucho, comer rico, tomar cafe, tomar vino, caminar por las calles, y, en corto, disfrutar la vida. Los viejos se visten bien, van arreglados, tienen estilo. ¿Y los pibes? Son el mismo copy paste de toda europa. No podes reconocer a un pibe de 15 a 25 años y decir “este es tano, español, alemán o francés”. Son todos GTA-wannabes, traperos con los pantalones por abajo del culo.
Es gracioso igual hablar de performativismo (is that a word?) cuando el contraejemplo es un escocés que se siente italiano. Pero es que no estoy pidiendo que los futbolistas italianos sean algo que no son, al contrario, estoy pidiendo que sean lo que son.
La vuelta a las bases. A entender que es el fútbol italiano. Es imposible tener Del Pieros y Tottis cuando nadie quiere ser Del Piero o Totti. O casí nadie, there is another. Y es gracioso porque es otro ejemplo de como lo sencillo, la vuelta a las bases, es la refundación apropiada. Este tipo lo resumió bien:
“A veces te tenés que dejar crecer el pelo y vestirte mejor”
Y lo expande, prácticamente tocando todos mis puntos desde un lugar estético. Lo gracioso es que, si vos agarras a Calafiori, basado únicamente en como se ve, nadie dudaría que fuera parte de la Selección 2000-2006. Simplemente encaja.
Y como dice Ore arriba, “alguien tiene que estudiar la correlación entre dejarte crecer el pelo y convertirte en un mejor futbolista”. Si, pero en el caso de los italianos, la correlación es “mientras más italiano te veas, más italiano serás”.
Porque en el caso de Italia, la estética importa.
Si llegaste hasta acá, tomá pibe, escuchate esto.









Genial esto. Me viene pasando algo y es que vengo viendo bastate fútbol italiano por una sola razón: suelen tener un partido más temprano. Entonces cuando me levanto un sábado o domingo 8am por vejez, del otro lado del café me encuentro con un partido de Serie A. Casi siempre están jugando Lecce vs Torino. A veces el Como.
Yo no sé si será por el Como, por el silencio de la mañana que me hace prestar más atención o porque no hay otra cosa a esa hora, pero hay un algo diferencial. El ritmo de juego, las transiciones, la imprecisión. Algo que es distinto a la Premier League, a un partido de Champions o incluso a un Feyernord vs Telstar. Los Italianos dejaron de ser italianos, sin dudas, pero tampoco están pudiendo ser globales (quizá esto explica los fracasos en Europa de la Selección y los clubes). Lecce vs Torino me resulta siempre un partido medio aburrido, pero que lo siento real. Nada, eso.
Por otro lado, esta última semana me obsesioné con la cuenta Casual Bible y el supuesto movimiento "Casual". No entiendo si es algo que realmente existe o qué me quiere vender, pero habla de la cultura del hincha inglés de los 80-90 que estaba totalmente inspirada en Italia y que ahora se está perdiendo por culpa de Stone Island y el capitalismo salvaje. No sé qué, pero hay algo ahí.
https://www.instagram.com/p/DVBwtt0jfAd/
https://www.instagram.com/p/DUtK2rVjbeb/
https://casualsbible.com/blogs/latest/origin-story-the-paninaro
Que bueno leer esto Fede, lo que extraño el futbol de antes no tiene nombre. Hasta la experiencia en la cancha está rota. Alguien se mandó una cagada con el Delorean y terminamos en el futuro alternativo de Biff.